¿Necesita un intérprete para un congreso o reunión de negocios? Yo puedo ayudarle.

Siempre nos quedará Ginebra

Siempre nos quedará Ginebra

4 Flares Filament.io 4 Flares ×

palaisdesnationsHace ya un año desde que me llamaron por primera vez para ir a Ginebra a interpretar para un programa dependiente de las instituciones del Sistema de Naciones Unidas y, si me diera por mirar hacia atrás, me asustaría de la rapidez con la que pasa el tiempo. Interpretar en Ginebra es un sueño para muchos intérpretes y, aunque no puedo quejarme de las maravillosas experiencias que han ido sucediéndose en mi vida profesional desde entonces, aquel momento marcó un antes y un después en mi forma de ver nuestra profesión y las relaciones que se forjan dentro de ella. Si bien es cierto que ahora entiendo mucho mejor la aspiración de muchos de mis colegas, con el paso del tiempo y la diversidad de proyectos en los que he participado después de aquella primera vez creo que no renunciaría a toda la variedad y diversión que pueden proporcionar el resto de encargos que un intérprete pueda recibir para dedicarme a tiempo completo al trabajo institucional.

Y es que todo tiene sus ventajas e inconvenientes.

La preparación de los temas es intensa y exhaustiva, tal vez no más que en una conferencia técnica cualquiera, pero en estos programas siempre tienen presentes un rosario de reuniones previas a las que se hace referencia y en las que, en la mayoría de los casos, el intérprete no estuvo presente; reuniones que llevan asociadas, a su vez, una enorme cantidad de documentación (actas, programas de trabajo, informes técnicos, etc.). En muchos casos no es posible leer toda esta documentación antes de la interpretación, pero al menos debe conocerse su existencia y anotarse, en la medida de lo posible, el máximo de términos relevantes antes de la reunión. Los glosarios, por lo general, suelen ser muy extensos y los términos extremadamente específicos, por lo que el ya de por sí escaso tiempo de preparación debe maximizarse para poder profundizar en el tema y no quedarnos con simples nociones antes del gran momento.

Asimismo, en este tipo de programas tan específicos la diversidad de vocabulario y de temas suele ser bastante limitada, ya que siempre se gira en torno a unos cuantos puntos clave. Para el intérprete que desee especializarse o profundizar en un asunto concreto esto puede suponer la oportunidad perfecta, pero para las personalidades inquietas que buscan siempre algo diferente puede acabar resultando muy aburrido tener que estar constantemente dándole vueltas a las mismas ideas en cada una de las reuniones.

Por otro lado, acostumbrados a trabajar con intérpretes, los organizadores de estas reuniones siempre tienen especial cuidado en no pasar por alto ni un minuto de receso y suelen respetar religiosamente las pausas para la comida, algo en lo que todavía queda mucho por hacer en el mercado privado si queremos demostrar que nuestras neuronas no son de hierro.

Tampoco es nada desdeñable el interés que muestran estos clientes en la buena alimentación de los intérpretes, más característica del prototipo de abuela que ha vivido un periodo de hambruna durante la posguerra que de unos delegados de chaqueta y corbata que van a pasar unas 10 horas reunidos, con el consiguiente riesgo de siesta soberana durante el repaso de las cuentas anuales después de comer.

Surtida demostración de canapés de bienvenida para que los intérpretes no pasen hambre

Las relaciones con los colegas también suelen ser algo distintas; aunque con tanto trabajo no suele dar mucho tiempo a hacer nuevas amistades es cierto que el trabajar siempre con los mismos equipos ayuda a crear lazos de confianza que se notan en el buen ambiente de las cabinas y en la magnífica sincronización con la que llegamos a trabajar (por no decir en los chistes multilingües que se escuchan en torno a la máquina de café). Que no estoy diciendo que no se puedan formar amistades entre colegas autónomos, pero siempre es mucho más difícil cuando no ves al compañero a diario y tienes que esperar a que el destino quiera establecer una fecha en la que puedas coincidir con ese compañero de cabina al que llevas semanas queriendo llamar pero que entre encargo y encargo siempre se te olvida.

La experiencia, cuanto menos, es única y al final se queda siempre esa sensación como de campamento de verano al que estamos deseando volver todos los años para reencontrarnos con los amigos y contarnos las nuevas anécdotas que han ido ocurriendo desde la última reunión. Incluso llega hasta a echarse de menos a ese delegado gruñón que siempre pone pegas para aprobar las actas porque falta una coma; pero al final siempre vuelven y entre cafés y chistes en los descansos te ponen al día de las últimas reformas políticas que se han llevado a cabo en su país.

Llegará un día en que otras obligaciones profesionales me impidan volver y tenga que ser otro el que ocupe mi puesto en una reunión; pero cuando ese día llegue, al menos, me quedarán los buenos recuerdos.

4 Flares Twitter 0 Facebook 0 Google+ 0 LinkedIn 4 Buffer 0 Filament.io 4 Flares ×

Sobre mí / María Fernández-Palacios

Intérprete de conferencias autónoma en activo y traductora, amplia experiencia en congresos y convenciones de alto nivel.

Sin comentarios

Deja un comentario